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(VIDEO) Eduardo Galeano - El miedo manda Destacado
por Canal Encuentro
Canal Encuentro presenta "La vida según Galeano", un ciclo en el que Eduardo Galeano nos acerca su particular manera de ver Latinoamérica y el mundo. El genial escritor uruguayo selecciona y relata los textos más destacados de su obra.
Canal Encuentro presenta "La vida según Galeano", un ciclo en el que Eduardo Galeano nos acerca su particular manera de ver Latinoamérica y el mundo. El genial escritor uruguayo selecciona y relata los textos más destacados de su obra. Su particular mirada sobre la historia, los hombres, el arte y las pasiones se van entrelazando con imágenes y documentos que ilustran el testimonio de uno de los más atentos observadores de nuestros tiempos. En trece capítulos, Galeano aborda el amor, los niños, el fútbol, las mujeres y otras pasiones que iluminaron su reconocida obra. Sus breves y contundentes relatos van desde pequeños detalles hasta grandes planteos que enfrenta la humanidad actualmente. El recorrido no tiene límites; la guía es la sinceridad y el asombro por los seres y las cosas que nos rodean. Desde un ambiente íntimo y habitual para los escritores, este ilustre intelectual latinoamericano compartirá con la audiencia ideas, relatos y varios de sus textos que confluyen en recuperar la historia y las historias de nuestro continente para saber qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos construyendo.
VIDEO RELACIONADO
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Piedra
Cuando el triunfante poder católico invadió la mezquita de Córdoba, rompió la mitad de las mil columnas que tenía y la lleno de santos sufrientes.
Catedral de Córdoba es, ahora, su nombre oficial, pero nadie la llama así. Es la Mezquita. Este bosque de columnas de piedra, las columnas que sobrevivieron, sigue siendo un templo musulmán, aunque estén prohibidas las plegarias a Alá.
En el centro ceremonial, en el espacio sagrado, hay una gran piedra desnuda.
Los curas la dejaron estar.
Creyeron que era muda.
Espejos: una historia casi universal.

Una noche, en Madrid, pregunté al taxista: -¿Qué trajeron los moros a España? -Problemas– me respondió, sin un instante de duda ni vacilación.
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La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo.
Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.
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URUGUAY-1 DE MAYO
CENTRAL OBRERA FESTEJA PRIMERO DE MAYO CON GALEANO DE ORADOR
Montevideo, 28 de abril (Télam).-
La central obrera de Uruguay PIT-CNT realizará el domingo un acto por el Día Internacional de los Trabajadores en la ciudad de La Piedras, vecina a Montevideo, en el que el escritor Eduardo Galeano será uno de los oradores.
Marcelo Abdala, miembro de la dirección del PIT-CNT, informó que también dirigirá unas palabras el director de teatro y docente Ruben Yáñez y en la parte artística actuará el dúo folclórico Larbanois-Carrero y la murga Los Diablos Verdes.
El acto de Las Piedras estará enmarcado en las celebraciones del bicentenario del proceso de emancipación, ya que allí se produjo, el 18 de mayo de 1811, una de las más importantes victorias militares del prócer José Artigas contra tropas españolas y portuguesas que se disputaban el dominio de la región.
Abdala, citado por la agencia DPA, dijo que será un acto "bien interesante" y que es un "altísimo honor" contar con Yáñez, Galeano y otras personalidades del país y del extranjero que tradicionalmente llegan hasta Uruguay para participar de los actos por el 1 de Mayo.
Informó además que se realizarán otros 40 actos en diferentes puntos del país y que "el único oficial será el de Las Piedras". "Cualquier otra manifestación que pueda ser preparatoria es bienvenida", señaló en referencia a actos paralelos que anuncian algunos sectores críticos del gobierno de izquierda y del PIT-CNT.
"Cualquier manifestación que se presente como contraria a la línea central de la clase obrera, al dividir los procesos unitarios que se han construido, le hace el juego a las fuerzas de la reacción", criticó Abdala.
La consigna de Artigas "Que los más infelices sean los más privilegiados" presidirá la celebración y "marcará el rumbo del movimiento obrero uruguayo en este momento rico, complejo y a la vez difícil", subrayó el dirigente sindical uruguayo.
"Será zigzagueante el camino que se atraviese para alcanzar la pública felicidad, pero este camino habrá de desarrollarse en la más amplia unidad del pueblo, de la clase obrera, con las herramientas que se han ido elaborando. Unidad no significa unanimidad", precisó Abdala. (Télam)
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Galeano, Eduardo

BIOGRAFÍA
Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo ante todo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que ha retratado con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. Lo periodístico vertebra su obra de manera prioritaria. De tal modo que no es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido.
A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba "Gius", por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos, que firmó ya como Galeano. Desempeñó todo tipo de oficios: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.
En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), publicación que durante décadas dio cobijo a las voces más interesantes de las letras uruguayas y que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano era director del diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige la revista literaria Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, encontrando un país que estaba a punto de dar un salto histórico cualitativo con la recuperación de la democracia. Reside en Calella, al norte de Barcelona. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.
Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado "China" (1964) como "Crónica de un desafío", del mismo año, o "Guatemala, un país ocupado" (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianeidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con "Las venas abiertas de América latina" (1971), explicativo título, logró su obra más popular y citada, condenando la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina. Esta obra ha sido traducida a dieciocho idiomas y mereció encendidos elogios desde diversos sectores. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de "Opiniones de un payaso", obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir a propósito de la obra de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.
Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta "Los días siguientes" (1963) a los relatos contenidos en "Vagamundo" (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en "La canción de nosotros" que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social no puede eludirse y es el marco central en el que transitan sus historias. "Días y noches de amor y de guerra" (1978) se enmarca en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.
Con la "Memoria del fuego" hay una recuperación del pasado indigenista. Esta obra narra la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986). En los tres libros hay un mismo objetivo y como dice el periodista italiano Gianni Miná, una voz incisiva y militante que trata de impedir que se olvide la tragedia que asola a quienes viven en el más completo subdesarrollo.
"La memoria del fuego" está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.
Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la "Memoria del fuego" para ilustrar a modo de presentación en sus recitales el tema "Che Pykasumi", que el cantautor interpreta en lengua guaraní.
Un año antes de la publicación de "El siglo del viento" y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma "El libro de los abrazos", de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: "Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza".
Precisamente en "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado "La noche". Este relato dividido en cuatro partes sirvió de inspiración a Serrat para su canción "Secreta mujer" que formó parte del álbum "Sombras de la China" (1998):
LA NOCHE / 1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
LA NOCHE / 2
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
LA NOCHE / 3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
LA NOCHE / 4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
El mismo año de "El libro de los abrazos" aparece "Nosotros decimos no". En 1992 publica "Ser como ellos y otros artículos" y un año después "Las palabras andantes", recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges. El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas. Palpar la realidad para mostrarla en un libro. Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado "El fútbol a sol y sombra".
En 1998 Galeano ofrece en "Patas arriba. La escuela del mundo al revés", otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente ni rehuyen de sus sombras. Es por tanto Galeano un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina que debe seguir cerrando heridas. La voz de Galeano suena clara en el marasmo de intereses e injusticias cotidianas. Más allá de una obra literariamente sólida, está la figura del cronista que persigue injusticias, que conjura temores, que rescata del abismo personajes e historias postergadas.
La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. Lo demagógico puede ser un riesgo inevitable en este tipo de propuestas, pero Galeano la salva con un estilo conciso, brillante y, sobre todas las cosas, necesario. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.
Eduardo Galeano reside desde 1985, -tras finalizar la dictadura uruguaya-, en su Montevideo natal donde sigue haciendo su literatura y su periodismo de marcado tinte político.
En la actualidad dirige su editorial llamada "El Chanchito".
Su narrativa está acosada por la realidad inmediata de América Latina, transformándose sus obras, traducidas a más de veinte idiomas, en un archivo histórico-cultural de todo el continente.
En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), publicación que durante décadas dio cobijo a las voces más interesantes de las letras uruguayas y que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano era director del diario Época. En 1973 tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige la revista literaria Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, encontrando un país que estaba a punto de dar un salto histórico cualitativo con la recuperación de la democracia. Reside en Calella, al norte de Barcelona. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.
Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado "China" (1964) como "Crónica de un desafío", del mismo año, o "Guatemala, un país ocupado" (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianeidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con "Las venas abiertas de América latina" (1971), explicativo título, logró su obra más popular y citada, condenando la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina. Esta obra ha sido traducida a dieciocho idiomas y mereció encendidos elogios desde diversos sectores. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de "Opiniones de un payaso", obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir a propósito de la obra de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.
Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta "Los días siguientes" (1963) a los relatos contenidos en "Vagamundo" (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en "La canción de nosotros" que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social no puede eludirse y es el marco central en el que transitan sus historias. "Días y noches de amor y de guerra" (1978) se enmarca en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.
Con la "Memoria del fuego" hay una recuperación del pasado indigenista. Esta obra narra la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986). En los tres libros hay un mismo objetivo y como dice el periodista italiano Gianni Miná, una voz incisiva y militante que trata de impedir que se olvide la tragedia que asola a quienes viven en el más completo subdesarrollo.
"La memoria del fuego" está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.
Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la "Memoria del fuego" para ilustrar a modo de presentación en sus recitales el tema "Che Pykasumi", que el cantautor interpreta en lengua guaraní.
Un año antes de la publicación de "El siglo del viento" y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma "El libro de los abrazos", de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: "Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de "muchos"... Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza".
Precisamente en "El libro de los abrazos", uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano, está contenido un pequeño relato titulado "La noche". Este relato dividido en cuatro partes sirvió de inspiración a Serrat para su canción "Secreta mujer" que formó parte del álbum "Sombras de la China" (1998):
LA NOCHE / 1
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
LA NOCHE / 2
Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
LA NOCHE / 3
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
LA NOCHE / 4
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
El mismo año de "El libro de los abrazos" aparece "Nosotros decimos no". En 1992 publica "Ser como ellos y otros artículos" y un año después "Las palabras andantes", recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges. El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas. Palpar la realidad para mostrarla en un libro. Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado "El fútbol a sol y sombra".
En 1998 Galeano ofrece en "Patas arriba. La escuela del mundo al revés", otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente ni rehuyen de sus sombras. Es por tanto Galeano un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina que debe seguir cerrando heridas. La voz de Galeano suena clara en el marasmo de intereses e injusticias cotidianas. Más allá de una obra literariamente sólida, está la figura del cronista que persigue injusticias, que conjura temores, que rescata del abismo personajes e historias postergadas.
La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. Lo demagógico puede ser un riesgo inevitable en este tipo de propuestas, pero Galeano la salva con un estilo conciso, brillante y, sobre todas las cosas, necesario. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.
Eduardo Galeano reside desde 1985, -tras finalizar la dictadura uruguaya-, en su Montevideo natal donde sigue haciendo su literatura y su periodismo de marcado tinte político.
En la actualidad dirige su editorial llamada "El Chanchito".
Su narrativa está acosada por la realidad inmediata de América Latina, transformándose sus obras, traducidas a más de veinte idiomas, en un archivo histórico-cultural de todo el continente.
BIBLIOGRAFÍA:
1962- Los días siguientes (novela)
1964- China 1964: Crónica de un desafío (literatura histórica)
1967- Los fantasmas del día del léon y otros relatos (ficción)
1967- Guatemala: Clave de Latinoamérica (literatura histórica)
1967- Reportajes: Tierras de Latinoamérica, otros puntos cardinales, y algo más (literatura histórica)
1971- Siete imágenes de Bolivia (literatura histórica)
1971- Las venas abiertas de América Latina (literatura histórica)
1972- Crónicas latinoamericanas (literatura histórica)
1973- Vagabundo (novela)
1975- La canción de nosotros (novela)
1977- Conversaciones con Raimon (novela)
1978- Días y noches de amor y de guerra (novela)
1980- La piedra que arde (novela)
1981- Voces de nuestro tiempo (literatura histórica)
1982- Memorias del fuego I - Los nacimientos
1984- Memorias del fuego II - Las caras y las máscaras
1985- Contraseña (novela)
1986- Memorias del fuego III - El siglo del viento
1986- Aventuras de los jóvenes dioses (ficción)
1989- Nosotros decimos no: Crónicas (1963-1988)
1989- El libro de los abrazos (novela)
1993- Las palabras andantes (novela)
1995- El fútbol a sol y sombra (novela)
1995- Las aventuras de los dioses
1998- Patas arriba. La escuela del mundo al revés
También publicó recopilaciones de artículos y ensayos:
1989- Nosotros decimos no
1992- Ser como ellos
1994- Úselo y tírelo
PREMIOS
En dos ocasiones Eduardo Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas: (en 1975 y en 1978) y su trilogía Memorias del Fuego conformada por: "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986) fue premiada por el Ministerio de Cultura del Uruguay.
En 1989 la misma trilogía recibió el American Book Award, distinción que otorga la Washington University, USA.
ENLACES
Cientos de notas y artículos
ordenados por fecha. Actualizado cada semana
http://veaylea.freeservers.com/galeano/galeano.htm
Textos de Eduardo Galeano.
http://www.geocities.com/palabrasdelalma/eduardo_galeano.htm
Cuentos.
http://www.zap.cl/cuentos/autor10.html
Entrevista.
http://usuarios.lycos.es/politicasnet/autores/galeano.htm
Canciones compuestas por Eduardo Galeano (con Juan Manuel Serrat)
http://www.cancioneros.com/cancioneros/ctr.exe?AA=287&FR=1
Portal latinoamericano. Completa información sobre este famoso escritor
http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/biografia.htm
Tierraamérica. Revista de Medio Ambiente y desarrollo.
http://www.tierramerica.net/global/consejo/egaleano.shtml
Biografía de este escritor de origen uruguayo.
http://ttt.cam.upv.es/~pausalvi/Eduardo_Galeano/Galeano.htm
Biografía y recuento de obras escritas por este reconocido autor.
http://www.flakozitas.com.ar/biografias/galeano/
Artículo periodísticos publicados en La Jornada y en Brecha
http://www.muldia.com/Muldia/cultura/eduardo_galeano.htm
Eduardo Galeano en el Foro Social Mundial
http://www.chilevive.cl/data/Npub/News/Stories/2003/01/29/10438142684.shtml
Entrevista en El Correo de la Unesco
http://www.unesco.org/courier/2001_01/sp/dires.htm
Carta del subcomandante Marcos a Eduardo Galeano
http://sololiteratura.com/cartamarcos2mayo95.htm
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Hugo Fernandez
Eduardo Galeano en México
" la independencia es otro
nombre de la dignidad", dijo Eduardo Galeano el 22 de Febrero en la ceremonia de
entrega de la Medalla 1808, que el jefe del gobierno de la ciudad de México,
Marcelo Ebrard, le otorgó. Ver vídeo "Los Nadie" de Galeano.
Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos
Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen
estando.
Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.
Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.
***
Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.
Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.
***
En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.
Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.
Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.
***
Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.
***
Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:
–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.
Y también:
–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.
A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:
–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?
Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.
A los ochenta años, escribió:
–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.
***
Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.
Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?
¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.
***
Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.
Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.
Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.
Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.
***
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.
Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.
Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.
Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.
Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.
***
Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?
Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:
–A veces. Depende de la hora.
Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.
Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.
Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.
Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.
Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: “Nadie nos va a mentir nunca más”?
Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Tomado de La Jornada 22 Febrero 2011
Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.
Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.
***
Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.
Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.
***
En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.
Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.
Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.
***
Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.
***
Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:
–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.
Y también:
–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.
A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:
–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?
Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.
A los ochenta años, escribió:
–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.
***
Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.
Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?
¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.
***
Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.
Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.
Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.
Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.
***
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.
Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.
Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.
Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.
Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.
***
Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?
Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:
–A veces. Depende de la hora.
Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.
Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.
Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.
Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.
Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: “Nadie nos va a mentir nunca más”?
Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Tomado de La Jornada 22 Febrero 2011
Hugo Fernandez, 2011-03-20
Hugo Fernandez
Eduardo Galeano en México
" la independencia es otro
nombre de la dignidad", dijo Eduardo Galeano el 22 de Febrero en la ceremonia de
entrega de la Medalla 1808, que el jefe del gobierno de la ciudad de México,
Marcelo Ebrard, le otorgó. Ver vídeo "Los Nadie" de Galeano.
Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos
Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen
estando.
Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.
Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.
***
Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.
Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.
***
En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.
Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.
Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.
***
Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.
***
Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:
–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.
Y también:
–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.
A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:
–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?
Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.
A los ochenta años, escribió:
–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.
***
Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.
Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?
¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.
***
Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.
Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.
Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.
Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.
***
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.
Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.
Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.
Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.
Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.
***
Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?
Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:
–A veces. Depende de la hora.
Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.
Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.
Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.
Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.
Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: “Nadie nos va a mentir nunca más”?
Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Tomado de La Jornada 22 Febrero 2011
Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.
Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.
***
Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.
Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.
***
En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.
Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.
Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:
–Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.
***
Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.
***
Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:
–Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.
Y también:
–Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.
Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.
A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:
–Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?
Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.
A los ochenta años, escribió:
–Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.
***
Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.
Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?
¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.
***
Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.
Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.
Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.
Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.
***
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.
Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.
Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.
Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.
Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.
Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.
***
Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?
Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:
–A veces. Depende de la hora.
Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.
Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.
Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.
Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.
Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: “Nadie nos va a mentir nunca más”?
Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.
Tomado de La Jornada 22 Febrero 2011
LOS NADIES - EDUARDO GALEANO
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Mendoza. Notables reflexiones del célebre escritor
| Eduardo Galeano distinguido en Mendoza. Habló contra las mineras |
Invitado por la Universidad Nacional de Cuyo a Mendoza para entregarle el doctorado Honoris Causa, el escritor ofreció una breve charla en el Centro de Información y Comunicación (Cicunc). He aquí un fragmento de sus palabras: Ecología y el cuento de las inversoras En la historia de la humanidad, la naturaleza fue algo que debía estar al servicio del hombre y siempre se desconsideró. Incluso desde la izquierda se la tomó casi como un obstáculo y por ese camino hemos llegado adonde estamos hoy. Habría que estudiar a qué planeta nos vamos a mudar si seguimos destruyendo el planeta a este ritmo. Hablo en plural, pero a sabiendas de que soy inocente. No creo en esas historias en las que somos todos responsables. Quien generaliza absuelve, decía la brillante Concepción Arenal, cuando se dice que todos somos culpables, nadie lo es. La reducción del mundo a una suerte de porquería que hay que tirar al tacho de basura ha sido obra de las grandes empresas químicas, automotrices, energéticas, militares, que son las que están haciendo este desastre. El problema es que todavía en América Latina el tema ecológico no es popular. Hay una parte importante de la opinión pública que se cree el cuento de esas inversoras, como es una minera o una industria forestal de esas que vienen, arrancan los recursos naturales y después se van. Pero son vendedores de prosperidad y felicidad que un día desaparecen, dejando tras de sí sólo agujeros y fantasmas, espacios vacíos. Desde hace cinco siglos que es así y eso tiene que enseñarnos. Defender nuestros recursos naturales es una parte sustancial de la defensa de nuestra identidad cultural. Japón, energía nuclear y el “mesiánico” Messi La energía nuclear nos demostró una vez más lo peligrosa que es, en un país donde estallaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki, catástrofes nucleares celebradas por el presidente Truman en Estados Unidos como una orden divina. Él dijo que Dios había puesto en manos de Estados Unidos esas bombas para que fueran bien utilizadas. Eso corresponde a la tradición mesiánica de los países dominantes. Ahora están “salvando” a Libia, con Francia y Gran Bretaña, y se sienten guiados por una misión sagrada. Cada vez que voy a Estados Unidos empiezo diciendo “por favor, no me salven”. Qué quedará de Libia después de ser salvados por estos mesiánicos. El único mesiánico digno de confianza es Lionel Messi (risas). *Con información de Ansa, Cuyo Noticias y Los Andes. |
Galeano embelesó a más de 3.500 personas en la Nave Cultural
El espacio físico quedó chico y muchagente permaneció afuera, aunque todos pudieron seguir al escritor a través de una pantalla gigante.
ALEJANDRA MOLINA ale.molina@elsoldiario.com.ar
El escritor Eduardo Galeano, recientemente declarado doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Cuyo, embelesó a un gran auditorio que, a pesar de las incomodidades físicas, no dejó de disfrutarlo. Con las expectativas ampliamente rebasadas, el espacio de la Nave Cultural ubicada en el corazón del Parque Central en Capital fue insuficiente.
Así, sólo poco más de 2.000 personas pudieron ingresar al interior del centro cultural, mientras unas 1.500 personas más debieron quedarse afuera y seguir al escritor a través de una pantalla gigante que se improvisó con la sorpresa de la convocatoria. Minutos antes de las 20, el genial Eduardo Galeano arribó al auditorio con un público que no dejaba de aplaudirlo de pie. Tras la realización de un breve espectáculo musical a cargo de artistas locales, el literato se adueñó del escenario, ambientado con un antiguo sillón y una lámpara de pie, que simulaba la intimidad de un estudio hogareño de lectura.
Pero no fue lo único que copó Galeano, además capturó por más de una hora la atención de sus seguidores, de las más diversas edades. El cuentacuentos, como se autodefine este autor, ícono de la literatura latinoamericana, realizó un recorrido por sus obras más importantes, destacando anécdotas y sentires personales que experimentó durante el proceso creativo. Fiel a su estilo simple, el uruguayo mechó con su toque de humor irónico y personal cada uno de los relatos que brindó.
Temas como el exilio, las luchas guerrilleras en varios puntos del continente, la crítica a las instituciones religiosas, a los sistemas dictatoriales y las postales de regímenes genocidas estuvieron presentes durante todo su relato. Pero uno de los momentos que despertó la carcajada espontánea y la admiración de los presentes fue cuando de manera sutil que Galeano eligió para deslizar una especie de crítica sobre internet.
"Tengo mucha palabra escrita a lo largo de mi camino, pero, sin duda alguna, los mejores textos son aquellos que no escribí y que pululan por internet. Cuando la gente viene y me abraza y me dice: 'Esta es la mejor obra que tenés', me veo obligado a decir: 'Sí, pero yo no la escribí'. Luego de eso comienzo a deshojar la margarita y pienso, ¿me mato, no me mato, me mato, no me mato?", relató el doctor honoris causa. Durante la velada, el autor repasó historias internas de libros como Las venas abiertas de América latina, El libro de los abrazos, Memoria del fuego y Espejos, entre otros.
Con su voz parsimoniosa y grave, el uruguayo recorrió, junto con un auditorio atento y enamorado, imaginariamente diversos paisajes propios del continente latinoamericano. Tampoco faltaron sus recuerdos del exilio allá por 1973, cuando fue obligado a abandonar Montevideo por los militares. "Las venas abiertas de América latina estuvo prohibido en casi todo el continente, incluso, muchos generales le dieron una trascendencia admirable ya que mandaron a quemarlo.
Pero en mi país, ese libro entraba en cárceles y lugares de encierro, y yo me preguntaba el porqué, me parecía muy raro, con el tiempo comprendí que era porque ellos no tenían el ejercicio de gobernar, después me enteré de algo peor: creían que Las venas abiertas... era un término médico y lo dejaban entrar a esos lugares porque los textos científicos no estaban prohibidos", detalló el escritor. Autorreferencial y con una notable admiración por los planteos infantiles, Galeano echó mano a anécdotas personales vividas con pequeños de corta edad como su nieta y chicos a los que en algún momento les contó cuentos.
"Un día caminando con mi nieta Catalina, que sí tengo (aclaró en referencia a una obra de internet de la que el escritor niega la autoría y que se llama Mi nieta Sofía), me dijo: 'Al final, yo no entiendo por qué tanto lío con vos, si ni yo te leo'", contó Galeano. El literato llegó a Mendoza junto con su esposa y mañana participará aquí en la marcha en conmemoración del golpe de Estado en 1976 (ver página 5). El fútbol, deporte admirado por este maestro en el arte de contar, también tuvo un espacio prioritario en su relato. Pasaban 12 minutos de las 22 cuando Galeano terminó de contar su cuento, ante el aplauso cerrado de más de 3.500 mendocinos que no perdieron detalle de su alocución.
"Yo soy un caminante, caminado, yo voy por caminos, caminando y, dentro mío, las palabras me caminan a mí", reflexionó el autor. La presencia de Eduardo Galeano en la Nave Cultural fue iniciativa de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNCuyo, que lo invitó como parte del ciclo La Universidad en el Debate Social, que propone la casa de altos estudios comprometida con las temáticas sociales.
Así, sólo poco más de 2.000 personas pudieron ingresar al interior del centro cultural, mientras unas 1.500 personas más debieron quedarse afuera y seguir al escritor a través de una pantalla gigante que se improvisó con la sorpresa de la convocatoria. Minutos antes de las 20, el genial Eduardo Galeano arribó al auditorio con un público que no dejaba de aplaudirlo de pie. Tras la realización de un breve espectáculo musical a cargo de artistas locales, el literato se adueñó del escenario, ambientado con un antiguo sillón y una lámpara de pie, que simulaba la intimidad de un estudio hogareño de lectura.
Pero no fue lo único que copó Galeano, además capturó por más de una hora la atención de sus seguidores, de las más diversas edades. El cuentacuentos, como se autodefine este autor, ícono de la literatura latinoamericana, realizó un recorrido por sus obras más importantes, destacando anécdotas y sentires personales que experimentó durante el proceso creativo. Fiel a su estilo simple, el uruguayo mechó con su toque de humor irónico y personal cada uno de los relatos que brindó.
Temas como el exilio, las luchas guerrilleras en varios puntos del continente, la crítica a las instituciones religiosas, a los sistemas dictatoriales y las postales de regímenes genocidas estuvieron presentes durante todo su relato. Pero uno de los momentos que despertó la carcajada espontánea y la admiración de los presentes fue cuando de manera sutil que Galeano eligió para deslizar una especie de crítica sobre internet.
"Tengo mucha palabra escrita a lo largo de mi camino, pero, sin duda alguna, los mejores textos son aquellos que no escribí y que pululan por internet. Cuando la gente viene y me abraza y me dice: 'Esta es la mejor obra que tenés', me veo obligado a decir: 'Sí, pero yo no la escribí'. Luego de eso comienzo a deshojar la margarita y pienso, ¿me mato, no me mato, me mato, no me mato?", relató el doctor honoris causa. Durante la velada, el autor repasó historias internas de libros como Las venas abiertas de América latina, El libro de los abrazos, Memoria del fuego y Espejos, entre otros.
Con su voz parsimoniosa y grave, el uruguayo recorrió, junto con un auditorio atento y enamorado, imaginariamente diversos paisajes propios del continente latinoamericano. Tampoco faltaron sus recuerdos del exilio allá por 1973, cuando fue obligado a abandonar Montevideo por los militares. "Las venas abiertas de América latina estuvo prohibido en casi todo el continente, incluso, muchos generales le dieron una trascendencia admirable ya que mandaron a quemarlo.
Pero en mi país, ese libro entraba en cárceles y lugares de encierro, y yo me preguntaba el porqué, me parecía muy raro, con el tiempo comprendí que era porque ellos no tenían el ejercicio de gobernar, después me enteré de algo peor: creían que Las venas abiertas... era un término médico y lo dejaban entrar a esos lugares porque los textos científicos no estaban prohibidos", detalló el escritor. Autorreferencial y con una notable admiración por los planteos infantiles, Galeano echó mano a anécdotas personales vividas con pequeños de corta edad como su nieta y chicos a los que en algún momento les contó cuentos.
"Un día caminando con mi nieta Catalina, que sí tengo (aclaró en referencia a una obra de internet de la que el escritor niega la autoría y que se llama Mi nieta Sofía), me dijo: 'Al final, yo no entiendo por qué tanto lío con vos, si ni yo te leo'", contó Galeano. El literato llegó a Mendoza junto con su esposa y mañana participará aquí en la marcha en conmemoración del golpe de Estado en 1976 (ver página 5). El fútbol, deporte admirado por este maestro en el arte de contar, también tuvo un espacio prioritario en su relato. Pasaban 12 minutos de las 22 cuando Galeano terminó de contar su cuento, ante el aplauso cerrado de más de 3.500 mendocinos que no perdieron detalle de su alocución.
"Yo soy un caminante, caminado, yo voy por caminos, caminando y, dentro mío, las palabras me caminan a mí", reflexionó el autor. La presencia de Eduardo Galeano en la Nave Cultural fue iniciativa de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNCuyo, que lo invitó como parte del ciclo La Universidad en el Debate Social, que propone la casa de altos estudios comprometida con las temáticas sociales.
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Eduardo Galeano: "Los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo"
El escritor e intelectual uruguayo censura los "pecados capitales" de Occidente

Foto durante una entrevista al escritor Uruguayo en el Hotel Colon de Barcelona, en 2008.Jose Colón (PÚBLICO)
Eduardo Galeano ha denunciado los siete "pecados capitales" de la sociedad actual con la lectura de varias "historias con minúscula" que, como el propio autor reconoció, no pasarán a formar parte de los anales de la Historia.
El autor de Las venas abiertas de América Latina citó, en primer lugar, el racismo, "que produce amnesia". Porque todos somos, según Galeano, africanos emigrados. "De África sólo sabemos lo que nos enseñó el señor TarzánIrak también es racismo".
También censuró la tradición machista, para lo que se valió de una paradójica anécdota de la Revolución Francesa: los símbolos de las victorias por la defensa de los derechos ciudadanos eran femeninos. En cambio, dijo, cuando las mujeres reivindicaron sus derechos como ciudadanas fueron pasadas por la guillotina.
La legalización del matrimonio homosexual en Argentina, pionero en Latinoamérica, le valió para criticar la intolerancia al diferente, un pecado más al que sumó el desprecio al trabajo. En este mundo al revés, "donde las jornadas de trabajo se miden con los relojes derretidos de Salvador Dalí [...], es el precio lo que fija el valor y no al revés".
Respecto a la actual crisis económica, Galeano comentó con sorna que tenía la impresión de que no había sido responsabilidad de los especuladores de Wall Street, sino que "la culpa la tiene Grecia".
Finalmente, el mundo fabrica enemigos, y lo hace a través del miedo. "La democracia tiene miedo a recordar, las armas tienen miedo a la falta de guerra y los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo", concluyó Galeano, no sin antes recordar un dicho africano que refleja que la mano que da siempre está arriba y la que recibe, abajo. "Hay una relación jerárquica", dijo para matizar dos conceptos clave: "La solidaridad es igualdad, la caridad es un riesgo".El autor de Las venas abiertas de América Latina citó, en primer lugar, el racismo, "que produce amnesia". Porque todos somos, según Galeano, africanos emigrados. "De África sólo sabemos lo que nos enseñó el señor TarzánIrak también es racismo".
También censuró la tradición machista, para lo que se valió de una paradójica anécdota de la Revolución Francesa: los símbolos de las victorias por la defensa de los derechos ciudadanos eran femeninos. En cambio, dijo, cuando las mujeres reivindicaron sus derechos como ciudadanas fueron pasadas por la guillotina.
La legalización del matrimonio homosexual en Argentina, pionero en Latinoamérica, le valió para criticar la intolerancia al diferente, un pecado más al que sumó el desprecio al trabajo. En este mundo al revés, "donde las jornadas de trabajo se miden con los relojes derretidos de Salvador Dalí [...], es el precio lo que fija el valor y no al revés".
Los muros contemporáneos
Galeano también se refirió a "la tendencia de los medios de comunicación a mentir", por lo que afirmó que el mundo miente. El escritor uruguayo reflexionó en este sentido sobre la importancia absoluta que se le dio en su momento al muro de Berlín y lo poco que se habla actualmente sobre los muros de la frontera de México, de Ceuta y Melilla, de Cisjordania o del Sáhara Occidental. "Ni se conocen", ironizó Galeano, que se cuestiona quién lanzó las bombas sobre Hiroshima y Nagashaki. "¿Sería Irán?".Respecto a la actual crisis económica, Galeano comentó con sorna que tenía la impresión de que no había sido responsabilidad de los especuladores de Wall Street, sino que "la culpa la tiene Grecia".
"La culpa de la crisis la tiene Grecia", ironiza
Sexto pecado: el mundo mata. "La paz mundial está en manos de aquellos que fabrican más armas". Y hoy en día, afirmó Galeano, se invierte más en gastos militares —"criminales", según él— que en acabar con el hambre. "Se fabrica hambre: hambre de pan, hambre de abrazos"._______________________________________________________________________
http://www.jornadaonline.com/Mendoza/61908 | Cultura
Eduardo Galeano en Mendoza
El prestigioso escritor será homenajeado en la Univeridad Nacional de Cuyo con el Doctorado Honoris Causa. El acto se realizará el martes 22 de Marzo a las 12, en el Salón de Grado de la casa de altos estudios.
El destacado escritor y referente de la cultura popular latinoamericana Eduardo Galeano recibirá de manos del rector de la UNCuyo, Arturo Somoza, el título de Doctor Honoris Causa, el martes 22 de marzo a las 12, en el Salón de Grado de la Universidad. En su primera visita a Mendoza, Galeano firmará libros y ofrecerá una charla-debate sobre el libro que está escribiendo.
La entrega de la distinción -solicitada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y aprobaba por el Consejo Superior en junio pasado- constituye un claro reconocimiento a sus aportes en la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Su particular visión de los procesos sociales latinoamericanos contribuyó a generar conciencia en todos los ámbitos de la comunidad. Desde la publicación de “Las venas abiertas de América Latina” en 1971 hasta sus obras más recientes, sus palabras formaron la conciencia de generaciones de luchadores populares, acompañaron los procesos de cambio más importantes, contribuyeron al retorno de las democracias en Nuestra América y proponen profundizarla.
Es la primera vez que el escritor uruguayo visita Mendoza y del 21 al 23 de marzo cumplirá una completa agenda de actividades, organizadas por la Secretaría de Extensión de la UNCuyo. Además el lunes 21 de marzo a las 11, en el Centro de Información y Comunicación de la UNCuyo (CICUNC), Galeano ofrecerá una conferencia de prensa.
El martes 22 de marzo, a las 12, en el Salón de Grado de la Universidad -ubicado en la Facultad de Ciencias Económicas- recibirá el título honorífico. Del acto participarán las máximas autoridades y la comunidad universitaria. El mismo martes por la tarde, a las 17, en el Teatro Universidad (Lavalle 77, de Ciudad), firmará libros.
Por último, el miércoles 23, a las 19.30, en la Nave Cultural (Av. España y Juan Agustín Maza, Parque Central) brindará una charla-debate en la que leerá textos inéditos de la obra en la que está trabajando y abordará, con su particular perspectiva, temáticas de actualidad. La charla forma parte del ciclo “La UNCuyo en el Debate Social” de la Secretaría de Extensión Universitaria.
En cada una de las actividades, la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo (EDIUNC), ofrecerá a la venta todas las obras del autor. La participación en todas las actividades es libre y gratuita.
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Eduardo Galeano plasma con certeza y osadía la sociedad contemporánea
Un tres de septiembre de 1940 en la capital uruguaya de Montevideo nace Eduardo Galeano, escritor que ha transitado por los caminos del periodismo, del ensayo, de la narrativa; pero ante todo un cronista que ha plasmado con certeza y osadía la sociedad contemporánea.
________________________________________________________________________Un tres de septiembre de 1940 en la capital uruguaya de Montevideo nace Eduardo Galeano, escritor que ha transitado por los caminos del periodismo, del ensayo, de la narrativa; pero ante todo un cronista que ha plasmado con certeza y osadía la sociedad contemporánea.
Galeano, que es considerado como uno de los más destacados escritores de la literatura latinoamericana, desempeñó todo tipo de oficios, fue mensajero, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, dibujante, redactor y director de diarios.
Los primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias y en el que refleja una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente.
Eduardo Galeano se consagra en 1971 con su obra Las venas abiertas de América Latina, que ha sido traducida a más de 20 iidomas y que condena la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de la América toda.
Junto al Galeano periodista empezó a aparecer el Galeano narrador invadido en un contexto político y social que no puede eludirse y es el marco central en el que respiran sus historias.
En 1986 con su obra, la Memoria del fuego, hay una recuperación del pasado indigenista, en el que la odisea de las dos Américas se centra en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo.
La memoria del fuego está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano, la intrahistoria es el Universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano: "historias pequeñas, pero no minimalistas".
Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la Memoria del fuego para ilustrar, a modo de presentación en sus recitales, el tema Che Pykasumi, que el cantautor interpreta en lengua guaraní.
Un año antes de la publicación de El siglo del viento, y una vez terminada la dictadura uruguaya, regresa a Montevideo y tres años después firma El libro de los abrazos, de contenido más sutil y poético.
El mismo año de El libro de los abrazos aparece Nosotros decimos no, ya para 1992 publica, Ser como ellos y otros artículos y, un año después, Las palabras andantes, recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges.
El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas: palpar la realidad y luego plasmarla en un libro.
Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que también hará Javier Marías, en un libro titulado El fútbol a sol y sombra.
En 1998 Galeano ofrece en Patas arriba. La escuela del mundo al revés, otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente, ni rehuyen de sus sombras.
Galeano es un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina.
La obra del escritor uruguayo nos convoca a mirar qué pasado se ha levantado y qué futuro se deja para los descendientes, establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.
teleSUR-Letralía-Biografías y Vidas/ nh-MM
Eduardo Galeano: "El mismo día en que la izquierda ganó las elecciones, sucedió otra cosa..."
Yo soy uruguayo, he participado siempre de la lucha del Frente Amplio y me siento parte de este gobierno. Vengo del tiempo en que las cosas para la izquierda no eran fáciles. En un país como Uruguay ir a los pueblitos del interior era muy, muy difícil... Recuerdo bien, siendo miembro de la juventud socialista, lo que significaba ir de pueblito en pueblito: sucedía que había que pararse en la plaza principal para hablar de socialismo delante de la mirada atónita de tres o cuatro muchachos que se preguntaban: ¿De dónde habrá salido este marciano?.
Hoy las cosas han cambiado mucho y la izquierda ganó las elecciones y también la mayoría en el Parlamento. El mismo día en que la izquierda ganó las elecciones, sucedió otra cosa que no tuvo ninguna resonancia, ningún eco en los medios de comunicación: el único plebiscito popular sobre el tema del agua de la historia universal.El primero y por ahora el único. La pregunta a la población era si quería que el agua fuera un servicio público o una especie de mercadería privada. Y bien, el 65% de la población dijo: El agua es de todos, el agua es un derecho público. Esto, que desde mi punto de vista es importantísimo, no ha tenido ninguna relevancia, este plebiscito fue mantenido en secreto, como clandestino, en parte porque Uruguay es un país muy chico, pero en parte también -no creo en la inocencia de este silencio- porque algunas noticias son importantes para los grandes medios de comunicación, mientras que otras, tal vez auténticamente significativas, no tienen ninguna importancia.
Este era un ejemplo contagioso, peligrosamente contagioso, era la continuación de otro plebiscito que nosotros habíamos hecho en el año 1992 sobre la privatización de los servicios públicos generales, cuando el 72% de la población uruguaya votó contra la privatización.
Que sea el único plebiscito de este tipo en la historia de la humanidad es para mí algo escandaloso, porque cuando un gobierno adopta soluciones que comprometen a diferentes generaciones tiene la obligación de consultar al pueblo, porque son soluciones para el padre, el hijo, el nieto; son soluciones que serán prorrogadas por mucho tiempo.
Cuando se hipoteca un país, cuando se privatiza todo, como fue el caso por ejemplo de la Argentina (que es un caso vecino al nuestro, muy importante para explicar esta expresión de la voluntad nacional), no se puede no comprometer al pueblo.
(Palabras dichas por Eduardo Galeano, en una entrevista concedida a la revista italiana Una Città.)
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La utopía según Eduardo Galeano
Ella está en el horizonte dice Fernando Birri. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar. La utopía sirve para caminar, pero hay otra utopía que es la del poder negativo que nos querría hacer vivir sin caminar, quizás se deba decir que dejaremos de morir y reanudaremos con fuerza el camino cuando renunciemos al poder...Creo que el mejor de mis días es aquel que debe todavía venir. La cosa más bella de la vida es la capacidad de sorpresa. Las cosas que suceden cuando nadie lo espera no son siempre malas noticias, a veces son cosas muy bellas, y este es un modo, un mensaje de la vida para decirnos que vale la pena, que vale la pena esperar estas noticias. Es normal que sea difícil, que haya momentos en que nos caemos, nos levantamos y volvemos a caer.
Estos son tiempos difíciles, muy difíciles, pero no hay que tener miedo, no hay que amedrentarse. Debemos saber que no es real sólo la realidad que conocemos, que es real también la realidad de la que tenemos necesidad, que es tan real como la otra, porque está dentro de la panza de la otra.
Años atrás visité en Venezuela, sobre el lago Maracaibo, a mi amigo pintor Vargas. Este pintor era también un carpintero analfabeto, era un artista con un talento extraordinario: nació, creció y murió en el mismo lugar, aquel lugar tan deprimente, horrible, que se llama Cabimas. Cabimas fue, por mucho tiempo, la fuente principal de petróleo de todo el occidente, un tesoro de petróleo que dio millones de dólares a las compañías y a las industrias.
Se trataba de un lugar oscuro, tristísimo porque el petróleo había matado todo lo que había tocado, no había más verde en Cabimas, todo tenía el color del petróleo, no había pájaros, no había árboles, no había peces vivos en el agua. Era un cementerio, todo gris o negro... Bien, a pesar de los grises y los negros, el pintor que vivía en este lugar pintaba con colores vistosos, pintaba árboles llenos de hojas, pájaros de dimensiones enormes. Un mundo completamente loco hecho de una estrepitosa alegría de la imaginación. Vargas murió, y sus obras se venden ahora muy bien en las galerías de arte más importantes del mundo como expresión de la exuberante naturaleza latinoamericana.
Vargas es la prueba de que estamos en una tierra besada por los dioses porque tenemos esta naturaleza particular. Vargas murió en la miseria, el pobre no tenía idea del valor de lo que hacía. Yo le decía: Vargas, tu eres un pintor realista y él, que no sabía mucho de la historia del arte: Ah, ¿soy realista? Sí, le decía yo, y él: Ah, bueno. El aceptaba esto, lo creía verdaderamente, porque Vargas no pintaba la realidad que conocía, sino la realidad de la que tenía necesidad y por eso era un pintor realista. Esto lo creo profundamente.
(Palabras dichas por Eduardo Galeano, en una entrevista concedida a la revista italiana Una Città.)
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Eduardo Galeano: los verdaderos pobres
Los pobres, los verdaderos pobres, son todos aquellos que no tienen tiempo para perder tiempo.Los verdaderos pobres, son aquellos que no tienen silencio y no pueden comprarlo.
Son aquellos que tienen piernas pero se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas han olvidado volar.
Son aquellos que comen basura y la pagan como si fuera comida.
Son aquellos que tienen el derecho de respirar mierda como si fuera aire.
Son aquellos que tienen sólo la libertad de elegir entre un canal de televisión y otro.
Aquellos que viven dramas pasionales con las máquinas,
aquellos que estando entre muchos, están siempre solos.
Los pobres, los verdaderos pobres, son aquellos que no saben que son pobres.
A menudo tus historias hacen las cuentas con la televisión, que tú definiste de manera sagaz como la ametralladora televisiva. ¿Qué piensas de los medios de comunicación de masas?
La siguiente es un historia verdadera que relató el sultán de Persia miles de años atrás, pero que yo no olvidé, porque es muy poderosa, muy importante.
Miles de años atrás dijo el sultán de Persia:
"¡Qué maravilla!"; él nunca había probado la berenjena y la estaba comiendo en fetas condimentada con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó la berenjena que da placer al paladar y en la cama hace milagros porque para las proezas del amor resulta más estimulante que el polvo de dientes de tigre y que el cuerno rayado del rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo: "¡Qué asco!", y entonces el poeta de la corte maldijo la berenjena traidora que retarda la digestión, llena la cabeza de feos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos hacia el abismo del delirio y la locura.
Alguien malicioso comentó: "Apenas ha elevado a la berenjena al paraíso y ahora la está arrojando al infierno", pero el poeta, que era un profeta de los medios de comunicación de masas, puso las cosas en su lugar: "Yo soy un cortesano del sultán, no un cortesano de la berenjena."
Hoy, en nuestros discursos, en nuestras vidas, en nuestra cotidianidad, el espectro del miedo está muy presente, es invasor, orienta nuestras acciones, nuestros pensamientos...
El miedo es poderosísimo, el miedo ha decidido hace poco tiempo la elección del presidente del planeta, este intelectual norteamericano George Bush, el filósofo que ha llegado a ser presidente del planeta... ¿Gracias a qué? Gracias al miedo.El miedo global es un tema que no puede faltar en nuestras reflexiones, porque todos nosotros estamos más o menos sufriendo en este mundo una dictadura del miedo.
El miedo es poderosísimo, el miedo ha decidido hace poco tiempo la elección del presidente del planeta, este intelectual norteamericano George Bush, el filósofo que ha llegado a ser presidente del
planeta... ¿Gracias a qué? Gracias al miedo.
Poco antes, en vista de las elecciones, apareció un funcionario del miedo, un profesional del miedo: Bin Laden, una figura con una cara demoníaca, enmascarado como en el carnaval en Uruguay, y que anunció que se comería a todos los niños vivos...
Bush venció con cuatro puntos de ventaja.
Es muy poderoso el miedo, decide todo: el miedo a ser, el miedo a recordar, el miedo a comer, el miedo a respirar, el miedo a caminar, el miedo de hablar.
Sobre el miedo querría leer un pasaje de Patas arriba:
"Aquellos que trabajan tienen miedo de perder el trabajo, aquellos que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo, el que no tiene miedo
del hambre tiene miedo de la comida, los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados, la democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de hablar, los civiles tienen miedo de los militares y los militares tienen miedo de la falta de armas, las armas tienen miedo de la falta de guerras.
"La nuestra es la época del miedo: miedo femenino a la violencia del hombre y miedo masculino a la mujer sin miedo, miedo a los ladrones, miedo a la policía, miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y al día sin pastillas para despertarse, miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo de lo que ha sido y de lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir."
(Palabras dichas por Eduardo Galeano, en una entrevista concedida a la revista italiana Una Città.)



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